Capítulo 16
Conversar con Paulina sobre arte y la muestra, intentando descubrir algo sin que ella lo advirtiera.
Rolando se acercó a Paulina, no para interrogarla como a una sospechosa, sino para descubrir algo más.
---Paulina, me dijeron que sabe bastante de arte.
---Algo aprendí trabajando acá.
Respondió con cordialidad, aunque ya no tenía la espontaneidad de hacía un rato.
---Además, es de Villa Ballester, igual que yo.
---Eso dicen.
Rolando sonrió.
---¿Me puede mostrar la exposición como si yo fuera un visitante más?
Ella aceptó con un gesto.
Comenzaron a recorrer el salón lentamente.
Paulina hablaba de las técnicas, de la composición, de la elección de cada rincón para que las obras dialogaran entre sí. También señalaba pequeños detalles del barrio retratados por el pintor.
Al pasar junto a una ventana, comentó casi al pasar:
---¿Pudo pasar por el tanque de agua? Hace unos años lo intervinieron con un mural. Me gusta porque demuestra que el arte no vive solo dentro de un museo. También puede estar esperándonos en una esquina.
---Cuando era chico ese tanque era apenas un tanque ---respondió Rolando.
---Ahora también cuenta una historia.
Continuaron caminando hasta detenerse frente a Tarde bajo el Ombú.
Paulina quedó inmóvil.
Como si el cuadro la hubiera llamado.
---¿Sucede algo?
---No... solo un poco de dolor de cabeza.
Rolando acercó dos sillas y se sentaron para seguir la conversación, un poco más cómodos.
Los dos quedaron frente a la pintura.
Después de unos instantes, Rolando habló.
---Espero la historia este cuadro.
Paulina no apartó la vista.
---Es una pareja descansando bajo el viejo ombú de la Plaza Roca. El autor decía que se había inspirado en una fotografía de principios de los años sesenta.
---¿Y eso es todo?
Ella tardó unos segundos en responder.
---Para conocer el resto de la historia... tendría que hablar con Esteban.
Rolando volvió la cabeza.
Le llamó la atención que lo nombrara simplemente por su nombre.
---¿Esteban Miraglia?
Paulina asintió.
---Sí.
Se levantó despacio.
Rolando permaneció sentado.
Volvió a observar el cuadro.
La firma, escondida entre el césped, parecía casi una marca secreta.
Desde la oficina, Carmen observaba la escena en silencio. No alcanzaba a escuchar una sola palabra, pero algo había cambiado. Por primera vez desde que Paulina trabajaba con ella, sintió que la confianza empezaba a resquebrajarse.
¿Cómo decide Rolando hablar con Esteban?