Capítulo 18
Interrogarlo directamente sobre el motivo por el que nunca reclamó el cambio de la obra.
Esteban llegó al centro cultural con la misma ropa con la que había pasado el día pintando.
La camisa tenía manchas de óleo.
La barba de un par de días acentuaba el cansancio de su rostro.
Y la boina parecía formar parte de él desde siempre.
Paulina fue la primera en acercarse.
Rolando la acompañó.
Carmen salió de la oficina, aunque prefirió mantenerse unos pasos atrás.
No quería sumar más presión de la necesaria.
---Esteban... ---comenzó Paulina.
Rolando la interrumpió con un gesto amable.
---Déjeme a mí.
Esperó a que el pintor levantara la vista.
---Me llamó la atención su tranquilidad. Carmen y yo intentamos comunicarnos con usted varias veces. Nunca respondió. Sin embargo, cuando llamó Paulina, apareció.
Esteban esbozó una sonrisa cansada.
---Perdón. Nunca fui bueno para hablar. Prefiero pintar.
Rolando sostuvo la mirada.
---Eso ya lo sabemos.
Señaló el cuadro.
---Lo que todavía no entiendo es otra cosa. ¿Por qué no reclamó el cambio de su obra?
El pintor observó la pintura unos segundos antes de responder.
---¿De verdad les preocupa tanto? La escena sigue siendo la misma. Solo cambiaron de lugar dos personas.
---A nosotros sí nos importa ---respondieron casi al mismo tiempo Carmen y Rolando.
El detective dio un paso más.
---No solo respetaron la composición. También copiaron el marco... y hasta dejaron su firma. ¿Por qué alguien haría una réplica tan perfecta?
Esteban no contestó.
Buscó con la mirada a Paulina.
Ella sostuvo sus ojos apenas un instante antes de bajar la vista.
Rolando lo advirtió.
Había un secreto compartido entre los dos.
Solo faltaba saber cuál.
El silencio se hizo cada vez más pesado.
Finalmente, Esteban se quitó la boina.
Respiró hondo.
---Está bien.
Miró a los tres.
---Les voy a contar la verdadera historia.
¿Cómo continúa la historia?