Capítulo 17
Mostrarle primero el cuadro plagiado y observar su reacción
Ya estaba anocheciendo cuando Esteban cruzó la puerta del centro cultural.
Quedaban pocos visitantes y casi nadie reparó en él.
Los únicos que parecían esperarlo eran Carmen, Rolando y Paulina.
Paulina fue la primera en acercarse. Sin decir una palabra, lo tomó suavemente del brazo y lo condujo hasta el cuadro. Rolando los siguió. Carmen se unió unos segundos después.
Los cuatro quedaron frente a la pintura.
Rolando rompió el silencio.
---Esteban, mucho gusto. Soy Rolando Gutiérrez. Intenté comunicarme con usted varias veces. Carmen también. Sin embargo, Paulina...
Dejó la frase suspendida.
Esperó.
Pero fue Esteban quien habló primero.
---No entiendo por qué tanto revuelo. La pintura sigue contando la misma historia. Solo cambiaron de lugar dos personas.
Carmen sintió un escalofrío.
Jamás le había explicado cuál era exactamente la diferencia entre ambos cuadros.
Miró a Rolando.
Él ya había notado lo mismo.
---Esteban... ¿quién le dijo que ese era el cambio?
El pintor permaneció en silencio.
Paulina dio un paso al frente.
---Fui yo.
Rolando no respondió.
Se acercó al cuadro.
---Miremos la obra con calma.
Durante unos minutos nadie habló.
Solo se escuchaban los últimos murmullos de los visitantes que abandonaban el centro cultural.
Esteban observó la pintura.
Intentó decir algo.
Las palabras no salieron.
Paulina retrocedió unos pasos.
Quiso alejarse.
Carmen la tomó suavemente del brazo.
Recién entonces descubrió que tenía los ojos llenos de lágrimas.
Rolando volvió a mirar al pintor.
---Una última vez, Esteban... ¿por qué alguien reemplazaría esta obra?
Esteban soltó un largo suspiro.
Sin preocuparse por buscar una silla, se sentó directamente en el piso.
Paulina acercó una y se acomodó a su lado.
Rolando y Carmen permanecieron de pie.
El pintor levantó la vista.
---Está bien...
Hizo otra pausa.
---Ya es hora de que conozcan la verdadera historia.
¿Cómo continúa la historia?