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Capítulo 15

Preguntarle directamente a Paulina por el cuadro y por los días en que las obras permanecieron en el depósito.

---Paulina, ¿tiene un minuto? Ahora no hay visitantes y le pedí a Carmen hablar con todas las personas que estuvieron desde que llegaron los cuadros.

---¿Rolando, no? ---preguntó ella, intentando disimular que sabía poco sobre él y su investigación.

---Sí. Soy detective. Y estoy acá por un cuadro en particular: Tarde bajo el Ombú.

Al escuchar el nombre, Paulina bajó la vista. Permanecían justamente frente al cuadro invertido.

---Algo pasa entre esa obra y usted.

---¿Por qué lo dice?

---Por sus silencios. Por la forma en que la mira. Todos tenemos una obra que nos toca por algún motivo. A mí, por ejemplo, Descarga de Carbón, de Benito Quinquela Martín, siempre me recuerda a mi abuelo. Cada vez que la veo siento que vuelvo a escucharlo.

Paulina sonrió apenas.

---Entonces... escuché que es de Ballester. ¿Observó cuánto arte apareció en la ciudad? Hasta el tanque de agua terminó convertido en una obra. A muchos les pasa de largo, pero el arte callejero también cuenta historias. Solo hay que detenerse un momento para descubrirlas.

Rolando dejó que el silencio hiciera su trabajo.

Después volvió al cuadro.

---Lo entiendo. Pero hoy necesito que me hable de esta historia. ¿Me cuenta qué pasó desde que llegaron las obras?

Paulina respiró hondo.

---El pintor dejó los cuadros en el depósito y se fue. Carmen y yo hicimos el inventario, los protegimos con mantas limpias y esperamos que el salón estuviera listo. Como hubo feriados, recién dos días después pudimos empezar a colgarlos. La idea era que todas las obras contaran, juntas, una historia sobre Villa Ballester.

---Eso mismo me contó Carmen. Pero usted estuvo más tiempo acá. ¿Notó si alguien se acercó al depósito?

Paulina dudó.

Después levantó la mirada.

---¿Y si habla con Esteban?

Rolando frunció apenas el ceño.

No había dicho "el pintor".

Había dicho Esteban.

---Hace días que intento comunicarme con él. No responde.

---Yo puedo llamarlo.

Paulina se alejó unos pasos.

Rolando volvió a mirar el cuadro.

Entre el césped distinguió la firma del autor. Apenas un garabato.

Las iniciales E. M.

Desde la oficina, Carmen seguía toda la escena con preocupación.

Cada minuto que pasaba le costaba más separar la sospecha de la confianza.

¿Cómo decide Rolando hablar con Esteban?