Capítulo 11
Revisar el depósito donde estuvieron guardadas las obras antes de la inauguración.
El primer lugar que visitaron fue el depósito.
Rolando observó la puerta de entrada, la cerradura, las ventanas y el pequeño espacio donde habían permanecido las obras durante varios días.
Carmen comenzó a mirar el lugar con otros ojos.
No había cámaras de seguridad. La puerta tenía una cerradura sencilla y las ventanas podían abrirse con facilidad. Más que un depósito para obras de arte, parecía un pasillo improvisado.
Lo extraño era que solo un cuadro hubiera sido reemplazado.
---Carmen, ¿te das cuenta de que este no es el lugar más seguro para guardar una muestra? ---preguntó Rolando.
Ella bajó la mirada.
---No todo depende de mí. Yo puedo proponer mejoras, pero no soy la dueña del lugar.
Recorrieron el breve trayecto que hacían las pinturas: del depósito pasaban a una pequeña oficina donde se registraban y, desde allí, al salón de exposición.
Rolando seguía sintiendo que faltaba una pieza del rompecabezas.
---Además de vos, ¿quién tiene acceso a este depósito?
--- Paulina. Y el personal de limpieza, pero ellos solo entran antes y después de cada muestra para acondicionar el lugar.
Volvieron a la sala principal.
Rolando se detuvo nuevamente frente al cuadro.
Esta vez no observó la pintura completa, sino el rostro del hombre retratado.
Había algo que le resultaba familiar.
Se alejó unos pasos intentando descubrir qué era.
En ese momento Paulina apareció con dos cafés.
Rolando la miró apenas un instante.
Una idea comenzó a tomar forma.
---Carmen, ¿me acompañás a la oficina? Necesito hablar con vos.
¿Qué hace Rolando luego de su observación?