Capítulo 19
La verdadera historia
Esteban, que por fin había decidido hablar, permaneció unos instantes en silencio. Parecía buscar la manera de comenzar. Finalmente, después de un largo suspiro, levantó la vista y dijo:
---El hombre del cuadro es mi padre.
Rolando y Carmen quedaron inmóviles. La sorpresa fue grande, aunque no tanto como la de Paulina. Ella sabía que ese momento iba a llegar, pero no imaginaba que Esteban sería tan directo.
Los cuatro volvieron la mirada hacia la pintura. Ya no observaban una obra de arte. Observaban una historia.
Fue Rolando quien rompió el silencio.
---Creo que necesitamos un lugar más tranquilo.
Carmen asintió. Cerró el centro cultural unos minutos antes de lo habitual y los condujo hasta su oficina. Ordenó algunas carpetas para hacer lugar y acomodó cuatro sillas alrededor de su escritorio.
---Ahora sí... los escuchamos.
Esteban respiró hondo.
---El cuadro nació de una fotografía en blanco y negro que tenía mi madre. Mi padre falleció hace tres años y recién unos días después ella me mostró esa imagen. Nunca la había visto.
Hizo una pausa antes de continuar.
---No entendía por qué había esperado tanto tiempo para contarme esa historia. Me enojé. Sentí que me habían ocultado una parte de mi propia vida. Pero, al mismo tiempo, esa fotografía no dejaba de hablarme. Decidí pintarla. Me llevó casi cuatro meses terminarla. Mientras hacía otros trabajos, siempre volvía a ella.
Carmen escuchaba en silencio. Al principio creyó que era una de esas obras inspiradas en historias familiares, como tantas en la historia del arte: Dalí con Gala y Frida con Diego. Sin embargo, intuía que aquello recién empezaba.
Rolando tomó algunas notas y levantó la vista.
---Hasta ahí conozco parte de la historia. ¿Qué ocurrió después?
---Cuando terminé el cuadro ---continuó Esteban---, un centro cultural me pidió una obra para una muestra de artistas locales. Acepté participar con esa pintura, convencido de que estaba inmortalizando el amor que recordaba entre mis padres. Tarde bajo el Ombú llegó a la muestra sin que yo imaginara todo lo que iba a desencadenar.
Paulina bajó la cabeza.
---Dos días después recibí un llamado. Alguien había reconocido al hombre del cuadro.
El silencio volvió a instalarse en la oficina.
Esteban miró a Paulina.
Ella respiró hondo.
---También es mi papá.
Rolando dejó de escribir.
Carmen, miró a Esteban y Paulina como dos hijos que hicieron algo mal.
Nadie dijo una palabra.
Paulina comenzó a llorar.
Carmen se levantó con discreción.
---Voy a pedir unos cafés. Creo que los cuatro los necesitamos.
Tomó el teléfono y llamó a la confitería de enfrente, que estaba a punto de cerrar.
---¿Me traés lo de siempre? Pero que sean cuatro: café con leche y dos medialunas.
Colgó y sonrió con timidez.
---Después de esto... quizá los invite a cenar.
La tensión pareció aflojar apenas un instante.
Paulina se secó las lágrimas.
Ya estaba preparada para contar la parte de la historia que solo ella conocía.
¿Cómo continúa la historia?